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La Bestia de Turín

Desarrollado en Italia sobre el transcurso de la primera década del siglo XX, la “Bestia de Turín” es un automóvil que se diseñó principalmente con el objetivo de romper el entonces récord de velocidad, objetivo que más tarde se cumpliría con creces. Los ingenieros decidieron desarrollar y producir desde cero un bloque de cuatro cilindros y 28,5 litros de cilindrada, que generaba aproximadamente 300 HP, una cifra por entonces muy alta teniendo en cuenta lo que alcanzaba en aquella época.

La FIAT construyó dos S76, también conocidas como FIAT 300 HP Record. Por lo poco que se sabe, quisieron construir más de dos, pero no lo hicieron.

Una vez más, sus características técnicas te hacen subir la presión.
El motor (Motore Tipo S76, cómo no), tenía dos bloques y cuatro cilindros en línea, que sumaban 28.353 cc. (Casi 30 litros!!)


El motor podía dar 300 hp a 1.900 rpm gracias a un compresor y a la ignición de tres bujías por cilindro. Tenía encendido por magneto a baja tensión, se refrigeraba con agua, empleaba transmisión por cadena, suspensión por elástico y sobre todo había que tener  un par de aquellos para manejarla.

 

Corrió, ¡mamita si corrió! Con Pietro Bordino al volante, en el circuito de Brooklands y en la playa de Saltbrun, EE.UU., alcanzó los 200 km/h. En 1912, pilotado por Duray, alcanzó los 225 km/h en Ostende,  (ese registro superaba 212 km/h que anteriormente había marcado el Blitzen Benz conducido por Barney Oldfield)  aunque la marca no fue reconocida.
Ese mismo año, en abril, en Long Island, otra vez en los EE.UU., recorrió la milla ¡a 290 km/h!

Fue, extraoficialmente, el automóvil más rápido de 1911 y 1912, más que el Blintzen Benz, pero la manera de legalizar la marca, con un promedio entre un viaje de ida y otro de vuelta, y algunas irregularidades más, no permitieron reconocerlo oficialmente. En cualquier caso, provocó una gran sensación y todo el mundo dio por batida la marca de Benz… extraoficialmente, claro.

Pronto cesaría todo, para dar paso a la catástrofe de la Gran Guerra. Las dos FIAT S76 fueron desmontadas y guardadas, no fueran a caer en mano del enemigo, no fueran a destruirse.
De un ejemplar no se ha vuelto a saber más, pero el otro fue salvado del desguace y hace unos años, restaurado. Su propietario, Duncan Pittaway, ha dejado a La Bestia como la vieron y un siglo después de batir su marca de velocidad (extraoficialmente) ha vuelto a correr en los circuitos, provocando el asombro y la admiración de todo el mundo.

 

 

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