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24 años sin Ayrton

La Fórmula 1, la élite, la cima del deporte motor, dónde todos quieren llegar, desde 1950 hasta la fecha, miles de pilotos tuvieron su oportunidad de participar, unos sin pena ni gloria, otros ganándose un nombre a pesar de no ganar carreras, quizá tampoco ganando ninguna corona, algunos logrando su cometido consiguiendo algún campeonato, o varios pero quedando fuera de de esa raza única a la que accedieron sólo un puñado de ellos.

Él atravesó la F1 como alguien de otro mundo, su brillo como piloto se combinaba con un asombroso  intelecto y un carisma fuera de serie que iluminaba la F1 como sólo lo lograron muy pocos.

Siempre fue a los extremos, aceleraba con los dos pies pero también era increíblemente introspectivo, apasionado… Ayrton intentó infinitamente ir mas allá de sus límites, en la tribuna se dice que ‘Iba más rápido que el auto’  una búsqueda que finalmente lo convirtió en un mártir, pero que no mermó ni un poquito su mística.

Ayrton Senna da Silva nació el 21 de marzo de 1960 en una rica familia brasileña donde, con su hermano y hermana, disfrutó de una educación privilegiada. Nunca tuvo que competir por dinero, pero su gran necesidad de correr comenzó con una obsesión por un go-kart en miniatura que su padre le regaló cuando tenía cuatro años.

De pibe, se puede decir que Ayrton despertaba en las mañanas de los Grandes Premios temblando ante la expectativa de ver en acción a sus héroes de Fórmula Uno por la tele. A los 13 años corrió un kart por primera vez e inmediatamente ganó. Ocho años después se sentó en varios monoplazas en Gran Bretaña, donde en tres años ganó cinco campeonatos, también fue cuando se divorció de su joven esposa y abandonó un prospero  futuro en los negocios de su padre apuntando a llegar a la Fórmula Uno dónde en poco tiempo arribó.


Evaluando que los recursos limitados de Toleman eran inadecuados para sus intereses, Senna compró su contrato y en 1985 se trasladó a Lotus, donde en tres temporadas comenzó desde la pole 16 veces (en su carrera consiguió 65 poles) y ganó seis carreras.
Habiendo llegado a los límites de Lotus, decidió que la forma más rápida de avanzar sería con McLaren,  dónde recaló en 1988 y se mantuvo durante seis temporadas, ganando 35 carreras y tres campeonatos mundiales.

En 1988, cuando McLaren-Honda ganó 15 de las 16 carreras, Senna venció a su compañero de equipo, Alain Prost, ocho triunfos a siete para obtener su primer título de pilotos. A partir de entonces, dos de los mejores pilotos se convirtieron en protagonistas de una de las peleas más encarnizadas. En 1989, Prost se llevó el título al llevarse puesto a Senna en la chicana de Suzuka. En 1990, Senna  le devolvió la gentileza en la primera curva de Suzuka, ganando su segundo campeonato al sacar a la Ferrari de Prost. El tercer título de Senna, en 1991, fue sencillo, ya que su dominio como piloto se hizo aún más pronunciado, al igual que su obsesión por mejorar aún más. Algunas de sus actuaciones más importantes se produjeron en su último año con McLaren, tras lo cual se trasladó a Williams para la desafortunada temporada de 1994.

Siempre quiero ganar. La frase que dice ‘Lo importante es competir es absurda’.

Su despiadada ambición provocó la condena de los más críticos, entre ellos Prost, quien lo acusó de preocuparse más por ganar que por vivir. Cuando Senna reveló que había descubierto la religión, Prost y otros sugirieron que era un loco peligroso que creía que Dios era su copiloto.  Incluso Senna confesó que de vez en cuando iba demasiado lejos, como fue el caso en la clasificación para el Gran Premio de Mónaco de 1988, donde se convirtió en un pasajero en un viaje surrealista hacia lo desconocido. Ya en la pole, fue más y más rápido y finalmente fue más de dos segundos más rápido que Prost en un McLaren idéntico. “De repente, me asuste”, dijo Ayrton, “porque me di cuenta de que estaba más allá de mi comprensión consciente. Volví lentamente a los boxes y no salí más ese día”.

Dijo que era muy consciente de su propia mortalidad y utilizó el miedo para controlar la extensión de los límites que se sentía obligado a explorar. De hecho, consideraba las carreras como una metáfora de la vida y utilizó la conducción como un medio de autodescubrimiento. “Para mí, esta investigación es fascinante. Cada vez que presiono, encuentro algo más, una y otra vez. Pero hay una contradicción. En el mismo momento en que te conviertes en el más rápido, eres enormemente frágil. Porque en una fracción de segundo, se puede ir. Todo. Estos dos extremos contribuyen a conocerte a ti mismo, cada vez más profundo “.

A principios de 1994 habló sobre su propio futuro. “Quiero vivir plenamente, intensamente. Nunca quisiera vivir parcialmente, sufriendo enfermedades o lesiones. Si alguna vez tengo un accidente ojalá que me cueste la vida, espero que suceda en un instante, no pasaría horas sufriendo en el hospital ni pasaría el resto de mi vida en una silla de ruedas. Quiero vivir intensamente porque soy una persona intensa” 

Un fin de semana que comenzó con el aterrador accidente de Rubens Barrichello durante la práctica libre del viernes, y que fue seguido por una tragedia al día siguiente: el accidente fatal de Roland Ratzenberger en la curva Villeneuve.

Tal vez era hora de suspender, era demasiado el dolor de los pilotos y demasiada preocupación para enfrentar un gran premio en esas condiciones. Desafortunadamente, en el deporte, especialmente en el motor, “el espectáculo debe continuar” y, por lo tanto, se decidió correr.

 Pero Ayrton, después del accidente del piloto austriaco, ya no era el mismo …

Se encerró en si mismo, y a pesar de los diversos intentos de sacarlo de la carrera, él quería correr y tratando de encontrar el coraje para aferrarse a esa gran fe que nunca lo había abandonado, ni siquiera en su último día de vida.
De hecho, la hermana Viviane dijo que en la mañana de ese 1 de mayo de 1994, Senna pidió ayuda a Dios.

 “No tengo buenos presentimientos… y si pudiese, no correria”, le confesó a Adrianne Galisteu la noche del 30 de abril de 1994

Dentro de su equipo pensaban que Ayrton iba a desistir de participar en la carrera, en cambio, decidió salir a pista, llevando consigo la bandera austriaca para rendir homenaje a Ratzenberger. Contrariamente a lo que solía hacer, Senna no se colocó el casco mientras estaba en la grilla de partida. Alternó sonrisas melancólicas con momentos de seriedad, hasta que se puso el casco y se preparó para partir desde la primera posición.

Un accidente al principio, tal vez una señal para que Ayrton se detenga. Hubo seis vueltas con el coche de seguridad, y luego la carrera se reanudó normalmente. En la séptima vuelta, el tremendo choque en la curva de Tamburello, el auto se borró del lado derecho y Ayrton quedó sin vida (es lo que quiero creer) con la cabeza apoyada en un costado. La columna de dirección se rompió y una parte de la suspensión perforó la visera del piloto, causando una grave lesión en la cabeza.
Un ensordecedor silencio rodeó a Imola. Los doctores dieron primeros auxilios, Sid Watkins  dijo que Senna respiró por última vez y poco después su cuerpo se relajó. Fue transportado en helicóptero y, a pesar de la angustia, la carrera se siguió corriendo
No hubo fracturas en el cuerpo, pero la lesión en la cabeza reportada es desafortunadamente fatal; Ayrton expiró a las 6:40 p.m.

Y así fue, el 1 de mayo de 1994, en el Gran Premio de San Marino, recuerdo ese leve movimiento de cabeza que me dio un instante de esperanza… está vivo!

Luego ya parado frente a la tele, a centímetros de ella, vi cómo lo extraían de su auto, cómo intentaban reanimarlo, desde el helicóptero se ve a los médicos arriba suyo, las piernas estiradas de Ayrton y unas milésimas de segundo dónde aparece un gran charco de sangre cerca de su cabeza me devolvió a la realidad.
Ecclestone con su ácido, desafortunado y desubicado sentido del humor dijo, ‘La muerte de Senna fue como si Jesús hubiera sido crucificado en directo por televisión’

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